La discrepancia fiscal existe desde hace décadas: aparece cuando los gastos, adquisiciones o movimientos de una persona no se explican con sus ingresos declarados o informados.

El problema no es solo si se factura o no una compra. La autoridad puede cruzar información bancaria, tarjetas, CFDIs, declaraciones y movimientos relevantes. Por eso conviene documentar préstamos, donativos, herencias u otros ingresos que expliquen el origen de los recursos.

Cuando una persona o empresa espera a que el SAT pregunte, normalmente ya va tarde. La revisión preventiva ayuda a saber si la historia fiscal realmente se sostiene.